
sábado, 6 de junio de 2009

En absoluto quieres intervenir en la historia coartando la libertad del hombre. El mundo es el que es, o, para ser más preciso, es el que proyecta el hombre. Sabes cuál es su catadura Que la miseria es fruto de la injusticia. Que la política mira su ombligo, nada más. Que siempre habrá ricos y pobres, pero estos últimos por culpa de los ricos. Que la palabra no entra tan fácilmente en un cuerpo roto por el hambre, el dolor, la desgracia. Tu Carta Magna la presentas después de curar a paralíticos, lunáticos, toda clase de dolencia y enfermedad. Y les avisas que, aun cuando están marginados de la suerte por culpa del hombre, pueden sacar provecho de esta purificación impuesta al ser los herederos del reino del Padre. La iglesia, a. Luego no es el milagro lo que Señor, se quedó con tu predicación y se olvidó de la ayuda anterior de la gente doliente. Los que han leído de rodillas el evangelio y han experimentado la teofanía interior, se vuelcan en la dirección que Tú has marcado al inicio de tu misión pública. Liberar primero las penas, y, después, hablarles. Abrir pozos de agua y después ilustrarles. Si es así, dímelo infundiendo en mi conciencia la pena de mi incumplimiento. Así sabré que me acompañas. El pueblo judío no entiende tu lenguaje. Está oyendo cosas aparentemente contrarias a la Torá. ¿Quién es este hombre que se atreve a corregir la Ley, la tabla de Moisés entregada por Dios? No es posible atentar la ley antigua. Saben de memoria la Ley y las alocuciones proféticas. Más que un Mesías empiezan a sospechar de Ti de revolucionario.Aqui quiero hacer una pausa, Señor con la actuación de la jerarquía eclesiástica abusando de su poder contra quienes según su pensar diferían no tanto de tu revelación cuanto del engreimiento de su conocimiento.¿Por qué el hombre de pantalón y corbata no ha de sentir la misma curiosidad teológica que la que pueda tener un alzacuellista? ¿Por qué clama la jerarquía eclesiástica que todos somos pueblo y luego lo amordaza en el campo de la sugerencia o de la crítica histórica de su quehacer temporal? De hecho, lo ha sido en el buen sentido del término. Que extiendas a reo de juicio el que se irrita contra su hermano, a reo de sanedrín al que dijere “raca” y a reo de la gehenna del fuego al que dijere “loco”, como el que mata, es muy fuerte. Y con este precepto, otros. Y hablas de la riqueza contra los ricos. Y de los falsos profetas. El juicio de intenciones. De todo este capital de enseñanzas el que más me preocupa es el de la verdadera sabiduría. Tuve un profesor que predicaba en la catedral que agujereó mis oídos con su preámbulo homilético. “Qui vos audit. me audit. qui vos spernit, me spèrnit”. Se ve que también le preocupaba. Desde entonces no era fácil dormir bien. Espero que no tengas en cuenta esta predisposición por hurgar en la teología. No te digo más, pues ya conoces el color de mi conciencia. Por un tiempo, siguiendo el orden establecido por el evangelista, cambias de ropa y te vistes de médico. Especialista del corazón del hombre, vas a dejar tu impronta milagrosa en gente sufridora. Un hombre tan fuerte, tan alto, tan militar, tan sensible llora y suplica de Ti que cures a su siervo. Sus palabras todavía resuenan en la misa como la expresión de fe más sublime, juntamente con la de Pedro cuando te dice que eres el Hijo de Dios. Te sorprende y proclamas a los cuatro vientos que nadie de Israel has hallado tanta fe. Una fe más allá de la necesidad de estar presente ante el paralítico. Es explicativa la fe cuando abunda. Mis siervos me obedecen y no ponen pegas cuando les encomiendo un trabajo. Tampoco Tú necesitas ir a mi casa, basta con que quieras para que mi súplica se cumpla. Y así fue. No hubo necesidad de ponerte la bata, cosa que no pasó lo mismo con la suegra de Pedro, casi familiar tuyo. Los que te seguían no reparaban en cuestiones teológicas o bíblicas. Los curados tenían el premio de la fe en Ti. Los escribas y fariseos que merodeaban por allí buscaban un motivo para acusarte de curandero, de falso médico de la salud. Querían ver el certificado docente. Y si fuera posible, la trampa de tu metodología. Conocedores de la Biblia, no estaba redactado de que realizaras este tipo de milagros, por tanto podías ser un impostor. Máxime después de perfilar el sentido de la Torá, alrededor de la cual se centraba toda la vida religiosa, moral y ética. Humanamente Moisés debió tener un tipo de imagen Humanamente Moisés debió tener un tipo de mayor influencia que la tuya. El Hijo de Dios, en la mente israelita, gozaba de un marketing más solemne, como el que tienes previsto el día del Juicio Final. Y lo mismo que la iglesia, después de dos mil años, el clero amigaba con el gobierno de la época. Cualquier personaje que contraviniera su política estaba destinado a juicio. No te incomodes conmigo por esta gotera de malhumor con la iglesia, pero es que me molesta que no refleje la dulzura y sencillez con que actuaste siempre. De vez en cuando alza la voz para justificar su malhumor con el pasaje virulento del templo. Tiene el mar para TI una especie de adicción como la del pescador por vocación. Y he aquí que al llegar a la orilla, aquella gente confiando en Ti te presenta a un paralítico. Ya estaban los escribas allí esperando que cometieras una infracción de la Ley. La fe de los hombres es la que provoca los milagros. Y se lo dices al paralítico: confía, hijo. Debió producirse una catarsis interior, que seguidamente le perdonas los pecados. La has armado. A los que buscaban la curación y a los que buscaban la culpa para dejarte en ridículo. Algo así como si teniendo que ir a urgencias por un accidente, el médico me dijera, sé buen chico, y se fuera a tomar un café al bar dejándome allí en el pasillo sangrando. Tú sabías que además de los que confiaban en Ti había gente examinando tus actos, y porque no hay peor enfermedad que el pecado, has querido poner en claro lo esencial. Lo esencial no era la parálisis, sino el alma. Si el paralítico no hubiera confiado en Ti, no le hubieras perdonado los pecados y, luego, la salud. Y aun siendo testigos oculares del milagro, los escribas murmuraban su locura de nombrarse Hijo de Dios. La gente sencilla te glorificaba, en tanto los celosos de las Sagradas Escrituras tomaban nota de tu osadía para llevarte a juicio. Se repite la historia dentro del seno de la Iglesia. En tanto la iglesia la comporta los hombres, he de aceptar ciertas anomalías históricas, pero no deja de ocasionar una cierta rebeldía que no se parezca más a Ti. Líbrame de ser escriba y clávame entre la multitud confiada en Ti. El certificado como médico de las almas quedó plasmado para alegría de los que esperaban tu venida al mundo. No va a ser difícil definirte como Hijo de Dios, y casi imposible seguir tú modelo de vida. Esto último es lo que crispa tenerte como modelo.
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