
En este juego epistolar entre tú y yo nunca hubo sorpresas como la última tuya invitando que comente desde mi punto de vista personal la contradicción vital de dos personas de desigual silueta y dedicación que han conmovido al mundo, como ha sido Teresa de Calcuta y la princesa Diana.. Me parece una osadía por mi parte atender tu petición al carecer de datos, y que sólo desde la pura observación, y esta distante de los hechos, posiblemente no satisfaga tus deseos. Ni estuve en Londres ni en la India, pero igual que tú he sentido una morbosa curiosidad por analizar este disímil de entender la vida entre dos continentes que representan una y otra mujer. Para biografías ya se han editado libros, pero sin perspectiva analítica y referencia de un final de siglo XX que es como quiero enfocar el tema.
Europa y la India. Dos mundos opuestos en el paisaje, en economía, en religión. Cada cual con su historia y sus ríos. Sus llanuras y sus montañas. Y su metafísica. Importante este punto último, por cuanto estas dos mujeres, la diosa Diana y la mística Teresa de Calcuta definen dos modos de vida confrontadas en la interpretación y en la acción.
A partir de la revolución industrial, Europa ha dejado de ser el difusor humanístico de la civilización mundial, por cuna, Grecia, cuya transmisión del pensamiento filosófico es una evidencia histórica, seguida de Roma respecto al conocimiento judeo-cristiano y jurídico. Aunque se aplica con mayor criterio al Budismo una concepción filosófica de la vida, la visión cósmica por parte del hinduismo se advierte que también el pensamiento griego voló por el mundo exótico de la India, país inaccesible al cambio intelectual, sumido en un sentimiento religioso muy fuerte.
Este prólogo resulta necesario para aceptar, aunque con cierto asombro, esta simbiosis histórica de dos mujeres que por uno u otro sentido han conmocionado al mundo en el crepúsculo del siglo XX. Hasta entonces no ha habido una presencia vital tan contraria como la que surgió con Teresa y Diana a la hora de enfocar la vida y que acogiéndome al título de una película “Sonrisas y Lágrimas” representan el cartel sociológico del planeta sin voluntad consciente por parte de ellas. Lo realmente fenomenológico es que esta dualidad tan dispar se diera en espacios de tiempo concretos.
¿Te imaginas a Diana en Calcuta y a Teresa en Londres? Estamos, pues, a través de ellas, definiendo el devenir histórico de uno y otro país, o lo que es igual, el ocaso y la esperanza de uno y otro pueblo.
Con Diana se ha vivido un cuento de hadas. Una niña mona, soñadora como toda joven, caprichosa y de mirada penetrante, como si el cerebro lo tuviera en los ojos. Asustadiza. Sólo cuando medró en edad, se fue percatando del mundo hipócrita en que vivía. El drama se produjo como corolario de un liberalismo conceptual y un relativismo moral tan usual como antiguo en Inglaterra. Una vez más queda al descubierto la sórdida historia de la Monarquía del Reino Unido.
Al otro extremo del mapa, en la India, una mujer feúcha, arrugada, mayor, se dedica al apostolado de los marginados de la salud y del trigo. Su fama se extiende por todo el mundo por distintas causas que la fama de Diana. En el caso de Diana, la frivolidad; en el de Teresa su entrega en cuerpo y alma por aliviar el sufrimiento de sus gentes ejemplarizando con su testimonio el verdadero sentido del cristianismo.
Consumismo y humanidad. Vanidad y despredimiento. Europa y su alto nivel de vida que se refleja en la renta “per cápita” y la India con una alarmante estadística de muerte prematura por el hambre y la enfermedad.
Trata Diana de llenar el vacío de su romance frustrado huyendo del entorno doméstico a través de la nueva foto turística que le desplace a otra esfera más confortable, conjugando su belleza natural con la artificial: joyas, vestidos, yates. Y amores cortos. Teresa deja de lado la teología, la crítica, y centra su fe cristiana en un solo y único compromiso: la caridad.
De una parte, la vida es un tiempo vital que hay que aprovechar incansablemente para acallar la conciencia. No te olvides que es de un país donde la diversión es algo obligatorio y el sudor en cambio, no, en tanto que de la otra parte, el sudor es una segunda piel de millones de seres, y la vida en teresa consiste en actuar según la conciencia sobre la base de la fe en Cristo. Sobre esto último también en Inglaterra los asuntos morales los dicta la conciencia, no la sociedad y la iglesia, de aquí que el liberalismo alcanza cotas inimaginables. Este binomio es una constante de la historia humana. En tanto que Diana crece en titulares de Prensa por su elegancia, estética y liosa relación romántica, con ribetes de filantropía, Teresa se consume en el esfuerzo misionero. Y contra lo que parece un dislate, las lágrimas corren por el corazón de Diana y las sonrisas por el corazón de Teresa.
El encuentro entre Diana y Teresa se me asemeja a la visión de un ciego de nacimiento que por un milagro empieza a ver. Y nada de lo que creía que era, es, como ver correr el agua de un río sin piernas. Amén del asombro de los colores, del tamaño de las cosas, del dibujo multiplicador de las plantas y de la noche luminosa de un cielo estrellado. Forzosamente la mirada de Teresa tuvo que producir una catarsis en el corazón de Diana, más guapa que ayer, más mujer que ayer, más desilusionada que ayer. No sé qué se dijeron, qué transfusión se produjo entre una y otra. Qué revuelco ocasionó tan dispar diálogo. Tal vez no hizo falta. A veces suceden cosas que se agotan en la admiración. ¡Qué contraste fotográfico!
Pero lo importante de esta coexistencia entre dos referentes humanos tan desiguales en el enfoque de la vida, no consiste tanto en un enjuiciamiento del ser cuanto en la traslación histórica de dos pueblos de entender la filosofía de la vida humana.
Diana representa a la Europa pudiente, desteizacionada, término que significa una tendencia al agnosticismo y al ateísmo dialéctico, aburrida, clasista y conformista. La India un país asiático, fundida en una caliginosa visión ultramundana, paridora de una demografía vertiginosa, mitológica y esotérica, depauperada. Esta estampa, que aquí adquiere visos de universalidad, es aplicable entre los pueblos de un mismo país. Problema insoluble mientras la política y la sociedad no recompongan sus postulados y reflexione el verdadero sentido de la vida humana sin intereses egoístas..
Tengo un amigo que rechaza la escolástica, la filosofía aristotélica y el tomismo por sistema. Se amiga sin compromiso con Descartes para caer en picado en las teorías subjetivas de lo pensadores de la filosofía postkantiana plagada de contradicciones de principios. Se trata de una reacción contra la filosofía trascendental. El pensamiento se separa totalmente de la concepción filosófica cristiana, como pueda ser el materialismo y el positivismo en sus múltiples versiones que no enumero para no ser pesado.
Tenía pocos años, cuando Pío XII tomó posesión del trono papal advirtiendo el peligro de contemporizar con el modernismo. El contenido doctrinal del modernismo no aparece en ninguno de los autores como un sistema ordenado, sino que cada cual trata diversos aspectos según hable o escriba como filósofo, creyente, teólogo, historiador, crítico, apologista o reformador. Se cierra todo acceso a la revelación. Te invito a que repases las conclusiones que se derivan del modernismo a través de la Historia de la filosofía que tanto me hizo sudar después de Kant y con Kant, también Sólo una aclaración. Tras una somera lectura se puede decir que el Modernismo, por lo que a su fundamento filosófico atañe, no tiene ningún punto de contacto con la filosofía escolástica, profesa el fenomenismo, agnosticismo, inmanentismo, fideísmo, biologismo, simbolismo, pragmatismo, evolucionismo y relativismo. Y todas en conjunto lo único que ha producido en la sociedad ha sido un radical laicismo, lo que es igual, una visión de la vida humana centrada en el tiempo sin otra proyección futura a través de la

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