

No tengo remota idea cuál pueda ser la estructura sociológica en el 2.025, data aproximada de vuestra independencia. Si para entonces el viaje a la Luna entra en el prospecto turístico como ir a Egipto o a Tailandia ahora, pero si así fuere los que vengan de allá van a entorpecer mucho las cosas. Brotarán como setas las sectas pseudo místicas en menoscabo de la comunidad humana herida por todas partes. El botón electrónico dominará la voluntad del hombre. Apenas habrá espacios para una conflagración bélica, aunque China no ha dicho la última palabra. La desigualdad socio-económica será más cruel. Los vínculos hedonistas serán más abiertos. Una complicidad entre la regulación y el libertinaje, imponiéndose esta última, dominará la tierra. La eutanasia se aplicará con más amplitud argumental. Los cementerios acabarán por convertirse en codiciados suelos urbanísticos al imponerse la incineración por ignición. El ritual de la muerte en una simple despedida de apretón de manos. Un sutil feudalismo macro-económico se impondrá de nuevo en la historia ampliando el círculo de la esclavitud sibilinamente camuflado. El pensamiento individual no tendrá ningún protagonismo devorado por el músculo ideológico de filosofías de corte dominante. Lo trascendente tendrá un único baremo en la Bolsa. Una teja valdrá lo que una vivienda hace cincuenta años. Y habrá más ancianos que nunca olvidados por sus propias familias al reducirse éstas a un simple vínculo biológico - jurídico. Las tertulias tendrán como instrumento natural el artificio bien sea a través del móvil, bien del Internet. Mucho tendría que cambiar el hombre en estos quinquenios para que este panorama de ciencia-ficción no se cumpla.
Si lo pensáis bien, observareis que el dominio de los sentidos prevalece sobre el pensamiento. Que todo es fruto de la ciencia y que para nada se baraja la filosofía. Que lo que se pretende es adentrarse en el mundo de la vorágine ahogando las potencias del espíritu. Que todo gira alrededor de este mundo sin visión futura que deviene de la muerte. Que la iglesia, cualquiera que sea el diseño religioso, tiende a convertirse en ruinas artísticas. Es decir, hacia una secularización brutal insufrible. Dado que esta imposición es un monstruo del tamaño de un dinosaurio sin instrumento de defensa apropiado que no sea la interiorización del hombre, os aconsejo que no excluyáis de vuestra educación el estudio de Humanidades. Debéis prepararos a vivir solos con la fortaleza que imprime un crecimiento integral del ser para no veros zarandeados por los tifones que se divisan en lontananza. No olvidéis que para entonces los pocos monasterios de acogida serán vestigios históricos de un tiempo milenarista y teocentrista.
Dije tifón, pero su incursión será gradual. Me explico. Sus efectos serán devastadores, pero su introducción imperceptible. Las ideologías, por ejemplo, no actúan de la noche a la mañana, sino paulatinamente hasta lograr su propósito.
Expuesta la premisa preventiva de los males que puedan sobrevenir, lo esencial es cómo actuar. Podría contestar que ateniéndose a principios axiomáticos que definen el ser de la persona. Persona y vida no pueden ser conceptos contrapuestos. Digo esto porque ser persona implica disciplina en todos los órdenes de la vida. En tanto que por vida se entiende malamente supeditarse a los impulsos que provoca una circunstancia determinada. No existe opción en el esfuerzo por ser persona. Muchas, en la vida.
Independientemente de los estudios que elijáis para
vuestro futuro, en el supuesto electivo por las ciencias, procurad un apartado para las de Humanidades. A Humanidades pertenece la filosofía. La gloria del siglo de oro se asienta en el dominio de las disciplinas humanísticas. Resulta que hablar la lengua autóctona es necesario para expresar su origen natal, pero el latín es un trasto con ser la madre de la mayoría de las lenguas europeas. Ser bueno es una exigencia de ser persona, pero la religión no ayuda a ello. La gramática y la lógica no merecen la atención que la electrónica. El problema ya no consiste si deben prevalecer unas disciplinas u otras. El problema radica si esta política promueve la formación integral y si la persona se ve realizada plenamente. Esto deviene a que la verdadera filosofía de la vida es lo útil. (Útil = lucrativo, rentable, cómodo, ventajoso, remunerativo, jugoso) Y dado que es lo común, resulta hasta ridículo proponer algo distinto. A mi me tocó vivir esta dicotomía y si bien mi sugerencia me ha impedido alcanzar estados de jerarquía mejores, y habida cuenta que según los números se es más o menos importante, nunca me produjo un atisbo de depresión anímica.
Tenía diecinueve años aproximadamente cuando estudiaba filosofía. El profesor de ontología, sacerdote, canónigo, ejercía a su vez como corrector de conciencias. Pues bien, cuando me encontraba con él fuera del ámbito doctoral, me preguntaba siempre si era feliz. Si le decía que sí, se despedía con una sonrisa. No le añadía una palabra más al encuentro. Y si decía que no o titubeaba, fijaba los postulados de la felicidad para ponerlos en práctica. Estos postulados se reducían a uno más genérico: amigar mente y conciencia desde una perspectiva trascendente del ser. (La ontología versa sobre el ser)
No es que me aclarara mucho entonces qué quería decirme. Sólo con el tiempo me di cuenta que para mi profesor la felicidad consistía en encontrarse bien con uno mismo y que a través de la sabiduría y de la ética era posible hallarla. Esto mismo pensaban los filósofos griegos, particularmente y de un modo claro, Sócrates.
Revisando el gráfico desde mi infancia a mi senectud, advierto una abusiva dejación de las normas de educación integral de la persona. Lo que se conoce por tener más que ser.
Salvo la creencia, la duda ha sido mi compañera del pensamiento y de la acción. Se lo dije a Sandra en carta aparte: Estoy hecho de temblores. Quiero decir que muchas veces he pensado si creer en la utopía era bueno. Emular al

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