
Queridos nietos:
Hay gente que le contraría ser abuelo porque se siente irremisiblemente sumido en la tercera edad, o sea, en la época del paleolítico de su entorno social. (Otros más finolis denominan “vida ascendente”) Yo no aprecié ante el espejo una arruga o dos más, ni alteración psicológica de vejez prematura por el hecho de serlo. No mido la edad por las ganas de bailar o no, por correr más rápido o no, ni siquiera por una artritis, sino por la capacidad de ajuste al pensamiento social y comprensión del cambio.
Vuestra presencia lo único que ha alterado ha sido el cuadro del hogar de los últimos tiempos, pues primitivamente el abuelo – patriarca – conformaba la unidad familiar que más tarde se reduciría a la relación entre padres e hijos. Al retocar el decorado doméstico se opera al instante un retorno al ayer, no exento de cierto encanto renaciendo un tiempo de intensa energía biológica y familiar.
De suyo ya existe una cierta distancia de tiempo y de vida entre vosotros y yo por mucho que me esfuerce por transponerme a vuestra niñez, posible en mí, por experiencia habida, y que a vosotros os está cerrado por ser un tiempo por descubrir. Aún así, el lenguaje no es el mismo y sólo la afectividad anímica puede dejar huella en el recuerdo.
Lo natural, lo común es que esta carta abundara en fantasía, que manejara un lenguaje de colores como los cuentos que tanto os conforta a crecer alegremente. Que la escribiera desde una nube donde los elefantes son como hormigas y las jirafas unos palitroques y el planeta tierra una casa de muñecas. La fantasía, por si no lo sabéis, tiene la virtualidad de imaginar un mundo a la medida de cada cual desearía que fuera y que no es. Mientras perdure esta ilusión, todo es gratificante, pero debéis saber que en la medida en que crezcáis todo se torna humo. Es lo que se conoce por el tránsito de la niñez a la pubertad que, a su vez, se repite al paso de la pubertad a la madurez. Esto fue siempre así, no el ritmo, dispositivo a tener en cuenta para evitar disgustos.
Os aclaro lo del ritmo que no tiene nada que ver con el reloj que tiene su movimiento uniforme bien sea de sol, de pulsera, de música, de flora. En este aspecto al cumplir cuatro años no habéis tenido un segundo más o un segundo menos que yo cuando cumplí cuatro años, y, sin embargo, puedo afirmar que por una cuestión de ritmo maduráis antes que en mi época. Por supuesto que tiene su analogía con la sociedad y civilización puntual. Un ejemplo. Resulta que tengo

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