domingo, 24 de mayo de 2009


acoger con delicadeza el día y la noche, la soledad y la compañía, el verso y el salmo, el vivir y el morir. Oír los pensamientos propios o el rompimiento de una semilla son silencios como los de una partitura musical en que las pausas de un coro o de una orquesta siguen siendo parte del conjunto de la obra. Lo que hay fuera de su nidal, de ese refugio románico a base de incienso y salmos, lo desconoce totalmente. Ni las bombas producen efectos de temor tan fuertes. Cuando Vd. se levanta por la mañana oye sus pisadas, su respiración, el brote de una planta, el apagón de una estrella. Sólo el grifo del agua rompe ligeramente la sinfonía de silencios. Cuando Vd. se levanta y con Vd. su familia monacal, sólo se oye a sí mismo y reza con el pensamiento para no lastimar a nadie. En mi casa, a hora temprana, al revés que los conciertos, el adagio llega al final de la jornada. Un botón y un ruido. Otro, dos ruidos. No se puede abrir el balcón que la calle es un grito plural creciente. Y el televisor en do mayor, que han de oírlo todos, incluso el que se está duchando. Introducción orquestal. La calle es lo mismo elevado a la enésima potencia. Pero donde realmente la cosa alcanza una cierta gravedad es en el encuentro humano donde chorrea la palabra sin sentido, se apresura la noticia conocida, se alza la voz para defender una discrepancia. No hay bajos ni contraltos en este coro, todos son tenores y sopranos. . Mis hijos hablan de otra generación, de otra cultura, de mi retraso en el tiempo, de mi prematura vejez, de mi visión singular del mundo, de mi inmovilismo en las ideas. No conocen el silencio, Sin esta experiencia no puedo responderles y espero que un día rompan con el tejido de las costumbres que son tiranas y en el recuerdo me devuelvan mi nombre sin adjetivos. Me alegraré por ellos, porque será el principio de su iniciación de viaje al interior del ser. Hay inventos, señor, que no debieron producirse nunca. Las bombas, los intereses bancarios y la televisión. Y todo lo que es ruido ahogando la mesura del lenguaje, de la introspección, de la mística, un trípode maravilloso de la poesía.

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