Posiblemente la liturgia de la palabra sea la parte más necesitada de atención y de corrección desde hace mucho tiempo por:
Por su improvisación.
Por su temática ajena a la lectura evangélica
Por una explicación farragosa
Por un lenguaje impreciso
Por una amalgama temática difusa
Por falta de concreción
Por su longa exposición
Por su marginalidad pedagógica
Por su reiteración
Por su incontinencia verbal
Por su trasfondo infantil
Por la alteración y divergencia conceptual
Por su frivolidad rayando la vulgaridad.
Por falta de rigor en las apreciaciones evangélicas.
Por su expresión insulsa.
Por el trasfondo enciclopédico del tema.
Por su lectura sin flexión cuando lo llevan escrito.
Por una dejación general de fondo y de forma
Por una inadecuada expresividad.
Por falta de concisión.
Por su talante tonal, agresivo, a veces, ocurrente, otras.
Por falta de sencillez modélica y sugerente
Por la nula preparación para rematar la homilía.
Por intervenir temas que no son de su incumbencia pastoral.
Por una incontrolable locuacidad sin enjundia.
Es muy doloroso que provenga de un creyente esta letanía negativa en el tratamiento homilético. Se está ante una parte de la liturgia que mas desinfla que vigoriza al creyente su pertenencia a la iglesia. No es una calamidad novedosa. Ya hubo tiempos históricos donde el silencio era más rico que la palabra por suscitar ésta controversias, desencanto y confusión entre los asistentes al acto litúrgico de la Misa.
Tal vez los designados para tratar el tema sinodal no se vean incluidos en este espectro de sacerdotes irresponsables de una misión tan decisiva como delicada, lo que no implica que este cuadro tan extraño no sea real, objetivo, fruto de un abandono de valores humanísticos realmente preocupantes.
Sabedor de que la homilía constituye una parte importante de la Asamblea Eucarística según La Constitución Apostólica “Fidei depositum• obliga su cumplimiento a todos. Pero por desgracia este todos no gozan de los atributos básicos para su ejercicio, convirtiendo la Palabra de Dios en un chiste, en un
Escándalo, en una controversia, en un sopor, en una vulgaridad. En. Este apartado la buena intención seria suficiente si no se produjera un escándalo. La omisión homilética podría ser una solución.
Ni la l" Lectura del A. Testamento es Palabra de Dios. Ni las epístolas son palabra de Dios, ni la misma lectura evangélica es Palabra de Dios y, menos aún, las originales homilías, algunas escandalosas de contenido son palabra de Dios. 'Es más, lo que fue inspiración divina en su día, pierde categoría de fe cuando se trata de explicar verdades reveladas.
Otra mínima corrección pública a tener en cuenta es sup0lir la respuesta palabra de Dios por Inspiración de Dios. La Palabra única es Cristo.- Es la Eucaristía. Es el sacramento, todo Io demás tiene su origen en la inspiración que no en la palabra que por su polivalente significación genera sustos, desconcierto, dubitación; perplejidad.
Entiende e[ autor de esta propuesta no intervenir en la dogmática o en la doctrina católica de la Asamblea Eucarística, sino de exponer la realidad del decurso litúrgico que vive sus horas bajas alarmantes Tampoco es una crítica a la iglesia, sino a su historicidad, o lo que es igual, a su comportamiento temporal.
El día que por falta de coraje, por desinterés de valores humanos, por contemporización con los tiempos, por ley generacional, la gente mayor deje de asistir a Misa, la Iglesia habrá perdido la perla más rica, más entrañable, más saludable, más necesaria para la humanidad. 'Y si es cierto que la profecía de su permanencia hasta el final de los tiempos alberga una esperanza para el creyente, sin el concurso de la gracia proveniente de la 'Eucaristía, la iglesia católica será un sucedáneo de su iglesia fundacional.
Quiere dejar constancia el autor de esta proposición que lo único que le anima no es acortar e[ tiempo de la Misa, a una edad. en que el tiempo es lo que más tiene, sino como visión de futuro de la comunidad. creyente cada vez menos cifrante por carecer de una expresión litúrgica amable, coherente, expresiva, como todo lo que rodea la vida de Cristo que en la Asamblea 'Eucarística abarca vida, muerte y resurrección.
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