viernes, 3 de abril de 2009

CANTO Y MUSICA


La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía (Beethoven).



La tradicional música de la Iglesia Universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas " (S.Ce 112)
... por eso, foméntese con empeño el canto religioso popular conforme a las normas de la Iglesia”.(SCe 118)
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A partir de estas dos reseñas del "Sacrosantum concilium ", complementarias en la intención, dispares en la aplicación, es necesario una reflexión al respecto. No tiene mucho sentido que la mayoría de las Iglesias dispongan de un órgano o de un armonio mudo durante la celebración eucarística Y menos aún, en un tiempo en que cualquier parroquia cuenta con muchos feligreses con la debida preparación para su utilización. Y si no fuera posible gratuitamente, por un módico estipendio.
Asimismo que en caso de su uso esté reservado a una misa solemne, o a un horario concreto, pues la 'Misa en sí misma es siempre un acto solemne para el creyente en todo tiempo y lugar.
Sería importante recuperar tan significativo instrumento en el conjunto renovable de la liturgia dominical. Que no fuera una exclusiva de una catedral o con-catedral. O Basílica y en fechas señaladas, porque ninguna fiesta es comparable en importancia al domingo aunque el pueblo no lo entienda así. Ni es posible que la liturgia eucarística defina una misa más importante que otra por una mayor asistencia en fiestas patronales. 'Ni siquiera en el calendario litúrgico un domingo es más importante que otro. (Adviento, Navidad Pascua, Pentecostés) Cada tiempo tendrá sus lecturas, sus homilías, sus prefacios, nunca un añadido sacramental y teológico. La 'Misa "per se "es siempre la misma, solemne o privada, festiva u ordinaria, con asistencia masiva o ausente. Siendo niño ya era consciente de la misa de las"! chachas" y de las misas del estamento social altéela de las "chachas" a las 9 de la mañana y la del “señorito” a las 12 y 13 horas A.M. Aún quedan residuos.
Cuando apuntaba el autor de esta proposición que los pronunciamientos del Concilio Ecuménico Vaticano II eran justos y necesarios y que lo que había fallado había sido su traducción, tiene mucho que ver con el referente num. 118 y no con el 112 del "Sacrosantum Concilium ".
La música en la liturgia dominical es semejante al mantel y vajilla en una comida solemne familiar. 'No menciono el alimento porque la eucaristía es un alimento único, incomparable, maná del cielo, locura divina, sostén de la fe, salvoconducto trascendente.
El di6ujo actual en este caso concreto de la música litúrgica es lamentable. Desde la primera pincelada introductoria del celebrante, en el curso de la Misa, en el banquete eucarístico, prevalece el salmodio "a capella" de nivel mediocre, de tonalidad insustancial, de nula irrupción mística o religiosa, en contraste con la confesión de San Agustín que el Catecismo de la Iglesia Católica refleja en letra pequeña en el apartado que trata este capitulo. y que dice así: •¡Cuánto lloré al oír vuestros himnos y cánticos ... que suavemente canta6a/ .Entra6an aquellas voces en mis oídos, y vuestra verdad[ se derretía en mi corazón y con esto se inflama6a e{ afecto de piedad y corrían lágrimas y me i6a 6ien con ellas. (San.Agustín) Con! IX, 6.14)
'Un referente de la categoría que tiene la música en la liturgia podría ser entendida con la siguiente anécdota real: "Había en una roñoso bar mucha gente jugando al dominó. Un juego donde el inconsciente revienta la palabrota o blasfemia según una jugada desacertada. De pronto, en plena tarde, se extiende por el local un delicado gregoriano proveniente del televisor. Por minutos se paraliza la partida para escuchar, comentar y disfrutar de su música. Y de la palabrota se pasó al comentario cívico. Gente agnóstica, indiferente, ausente o lejana de la Iglesia". Son conocidas preciosas revelaciones de conversión por la expresión musical de alto nivel:
Durante las estancias del autor de esta propuesta en el Monasterio de Silos, la Misa es cantada, concelebrada, despaciosa y dura media hora. La gente viene a gozar tan deliciosa música, punto de arranque para sentirse inmersa en la Asamblea Eucarística o celebración de las Horas monásticas. He aquí la explicación. De la citada confesión de San Agustín.
El acompañamiento del órgano o armonio en la 'Misa resulta un bien insustituible que hay que cuidar con mimo. Y donde no fuere posible su utilización, mejorar, seleccionar, ajustar, conmover y suscitar dulces sentimientos religiosos valiéndose de la tecnología del Compact disc., tan usual actualmente.
No es un tema baladí el tema musical. Inclusive es preferible el silencio que el ruido que provoca un canto vulgar, una pandereta, una guitarra, una flauta sin la tonalidad debida y justificación litúrgica. Más que intensificar un sentimiento de agravio, deriva una frivolidad psicológica inmerecida.
Así pues, y buscando una solución al problema referente al canto litúrgico, el autor de esta propuesta, formula:

a) El uso ordinario del órgano o armonio de las iglesias.
6) Una fina piedad con respecto a la selección musical:
c) La búsqueda de personas cualificadas de la parroquia que puedan colaborar en tan 6ella y artística función.
d) Aplicar parte de las colectas, si fuere necesario un estipendio para el organista.
e) Unos cursos de integración armoniosa en las distintas parroquias para evitar desigualdades molestas o preferenciales.
f) Retornar, como expresión válida y asunción general por parte del pueblo a la música gregoriana.
g) Eliminar aquellos instrumentos propios de verbenas y de otros actos lúdicos que no tienen que ver con la liturgia eucarística.
h) Evitar e{ abuso para no alargar el tiempo de la celebración,, un fenómeno psicológico actual que promueve el rechazo.
No es la guitarra, la gaita, la pandereta, instrumentos propios del sentimiento popular profano una manera de comprender el referente (SC. 118) y que tan frívolamente se ha impuesto en la Diócesis, desmereciendo la intención primigenia del citado referente. El añadido "... conforme a las normas de la iglesia”que propone el Concilio no tiene cabida en esta vulgar aplicación intencional aburrida y discordante con la naturaleza mística del Acto Eucarístico. Ni se deduce del prefacio;” así cantan los ángeles" que haya que cantar el Sanctus tres veces, sin ningún sentimiento colateral. Aquí el verbo cantar no supone que haya que cantar necesariamente, pues tiene otra connotación de rezo, plegaria u oración., de contenida alegría, de reafirmación del Mesías.
El sacerdote con su preparación humanística tiene que convencerse de que hace un flaco favor contemporizando el vulgarismo en aquellas funciones que merecen un trato exquisito. De que no se prepara al pueblo acentuando tradiciones paganas aunque le origine un dolor de calificación desfavorable. Ni las órdenes religiosas - rectores de parroquias - remarcar conductas misioneras en comunidades de civilizacion adelantada.
'Un. Ejemplo, vivido personalmente en una parroquia como ilustración del tema, extraido del libro La trompeta del Angel”, del autor de esta propùesta.
"Ha6ía muerto la madre de un rico feligrés de la parroquia. Se personó de noche con dos compañeros en la rectoral con el fin de darle la mayor solemnidad al funeral. El Cura-Ecónomo le dejó entrever que un órgano a fin de resaltar el acto litúrgico. También solicitó curas. Para esto último no hubo problemas, pero se fue sin entender qué demonios podía solemnizar un órgano. Aquella triste mañana, pues la señora era muy querida de la aldea, sonó por primera vez el órgano en la iglesia y los frutos del valle sintieron la caricia del gregoriano. Al año siguiente, memorando el aniversario de su madre, donó un armonio a la parroquia para alegría de todos.
Si los recursos son mínimos o los párrocos no están en disposición por su avanzada edad a categorizar la música sacra en sus parroquias, que se avengan al silencio como sustitutivo de la música, que también es un buen instrumento de integración religiosa y de una meditación más profunda.

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