jueves, 23 de abril de 2009

MELODIA INACABADA - Félix J. Eguía


Antes de que se apague la última farola
de la ciudad
o
del saludo del gallo presumiendo de tenor en el odeón
del corral,
inicias tu melodía
con estropajo y jabón sobre la calvicie de las cacerolas:
La olla del potaje,
La sartén del pescado frito.
La tartera del guiso de carne.
Y el cucharón y su hermana la espumadera..


Luego el fogón.
Y la mesa después con su mantel
y servilletas,
Panes rotos, usados vasos,
bandejas y platos.

Contrapunteas en el pentagaama del alba
tu melodía
con el escobón
y
su prima hermana pequeña, la escoba,
mientras duermen
tus hijos
retardando su entrada a la escuela;
y
la Luna
su llegada al convento
dando licencia a que se inicie la feria.

Espera el baño
tu singular maestría con la fregona.
La taza,
una apurada estropajía..
Y el espejo.
Y la bañera y los grifos.
Y las toallas,
planchadas con que callar enfados (no fados)
de audiencia tan intima.

Sin tiempo
para tu afectada belleza,
que
obliga una mínima cosmética,
Apremia
el orden de las alcobas,
donde la guerra del sueño de tus seres queridos
han dejado sobre el tálamo
los estragos
de las pesadillas habidas en remolinos de sábanas,
mantas y almohadillas.

Y el tendal.
Y el carrito de las viandas,
Y el lavavajillas,
como si no hubieras hecho nada ayer, el otro día.

¡Oh mujer,
¿por qué a ti,portadora de vida,
incansable abeja
de la ecología doméstica ha caido el castigo de la biblia?

¿De qué fibra estás formada para resistir
esta agonía
un día y otro día; toda la vida?

¿De qué pasta es tu psicología,
tu pensamiento,,
tu pòrfía enamoradora por recuperar
el `paraiso
pèrdido por una manzana maligna?

¡Maldita sea la hora del hombre y su vanidad.
Su talento egoísta.
Su letargo a tan crucificante melodía
de la mujer hogareña
sin cuya presencia errarías dando tumbos en el aire
sin alivio ni paz
que
escribíó el poeta el otro día!

Te espera, oh mujer, la orquesta:
El dedal, la calceta,
La plancha
Y los paños de limpieza..
La moqueta.
Del pescado sus escamas para la cena.
Y la lavadora.
Y otras lindezas con que reparar exigencias
de quienes te adoran


Y al llegar la noche con el cansancio
a cuestas,
revelando la profeciá “ y se pueden contar todos mis huesos
y mis venas”,
cumpliendo el otro servicio por ley impuesta
de
“esclava te doy”
de que habla la teologia en cualquier iglesia.


No habrá otra Biblia escondida
que revele
esta injusta consecuencia de la melodia inacabada
de la mujer
y el hombre jugando a ser dios en su hacienda?


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