lunes, 20 de abril de 2009


Admirado Beethoven:

Tenía pensado, Ludiwig, no acudir a los biógrafos y circunscribirme a darte las gracias por las iteradas veces que me trasladas a ese mundo desconocido a través de tu música, mundo de donde emana tu inspiración rozando los pliegues del Paraíso. Me sucede siempre cuando cierro los ojos y el solo de violín del “Benedictus de tu Missa Solemnis” me envuelve de brisas místicas. No ha sido así. Y curioseando leo de Franz Schubert lo que en otras palabras menos precisas de mi parte pensé siempre de ti. Dice así: “Lo sabe todo, pero nosotros todavía no podemos comprenderlo todo y habrá de correr mucho agua por el Danubio antes de que todo cuanto ha creado este hombre sea comprendido generalmente”. Y lo explica: “No sólo porque es el más sublime, el más fecundo de todos los músicos, sino también porque es el más fuerte. Es tan fuerte en la música dramática como en la épica, en la lírica como en la prosaica, en una palabra, lo puede todo”. Y matiza: Mozart con relación a él es como Schiller con relación a Skaesperae no se le comprenderá en mucho tiempo. Todo el mundo comprende ya a Mozart, nadie comprende bien a Beethoven. Para esto habrá que tener mucho espíritu y todavía más corazón y ser indeciblemente desgraciado en amores o simplemente desgraciado”. Decía esto Franz Schubert cuatro décadas después del profetismo de Mozart, ante una sencilla improvisación pianística de tu parte.” Reparad en este hombre. Un día será célebre en todo el mundo”.

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