viernes, 27 de marzo de 2009


Volvieron venturosas

Primer premio concurso literario. 07.03.53 Fiesta de Santo Tomás de Aquino Patrón de los teólogos. Seminario de TUY- Pontevedra.


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El mar apura el ritmo al compás de la naturaleza reafirmando su armonía a la ley eterna, ofreciendo en todo tiempo su docilidad cósmica,
En plena belleza marítima, entre poesía y esfuerzo, música y maldiciones, se deslizan majestuosas las tres carabelas al mando de marinos ávidos de fama y de gloria. Se viste de gala la naturaleza. Atrás quedan los bosques y las playas mansas; las mieses y el horno del pan; las mariposas coloreando el jardín; de las viñas acuosos pámpanos de vino de todos los colores. Y la familia. Una familia acéfala y sin algunos miembros más. Mar adentro todo está en armonía. Fuera, lloran las almas y bailan los miedos de una aventura ciega.
Las tres carabelas se desdibujan en el horizonte. Son tres. Tranquilas parece escuchar una voz extraña de las profundidades del mar, Una voz que dice:
¿“A dónde vas, barquilla?
¿A dónde, dí, te engolfas?
No responden.”En sus quillas la espuma, como tiza, va escribiendo el resto de la poesía.
….dirás que muchos naves,
con el favor en popa,
saliendo desdichadas,
volvieron venturosas.
Quién te engañó, barquilla,
vuelve, vuelve la proa,
que presumir de naves
fortunas ocasiona…”

Y hunden las proas para borrar los últimos versos que pretenden desarmarlas. Ellas no lo escuchan aquello de “pero muchas volvieron venturosas”. Y con esta única esperanza se adentran en el Océano.
Primero, tierra, mas, cielo. Luego, cielo y mar. Y la terca espuma tentándolas.
“A dónde vas, barquilla.
A dónde, dí, te engolfas.
Y ellas siempre: “No importa, muchas volvieron venturosas.
No saben las carabelas si la tierra está guapa o no. Para ellas sólo hay una ilusión: ver tierra, pero que no sea la suya.
La Luna tiempo hace que no brilla en el firmamento. Tampoco, las estrellas. Las nubes cortinan la presencia del sol. El mar se encrespa. Por momentos las olas son como fauces de un animal hambriento por tragarse las carabelas. El fiero aquilón juega con ellas como cáscaras de nuez.
Ya les había advertido el poeta: “Ni al viento desafíes…, más ellas jóvenes, de madera multisecular en la tierra, pero recientes en los mares, no le escucharon, emprendedoras y sin miedo a la muerte que podía llegar por una alocada ola. Y en la lucha con la tempestad, no sólo no se arrepentían de enfrentarse en desigual circunstancia, sino que pugnaban por vencerla. ¡Y vencieron!
Un DIA, y otro, y otro. Una semana, y otra, y otra, un mes, dos y la tierra esperada sin aparecer. Por momentos ni se acordaban que de la tierra había partido.
Hoy el sol pasea ufano por el cielo. Hoy canta el sol a dúo con el mar. Pero la tierra seguía oculta a los ojos de los marinos. La noche se viste de fiesta y coquetea la luna en el mar. Espejean las estrellas en un mar infinito pero en calma. Parecen que navegan las carabelas por el cielo. Hoy la desgracia tiene un nombre, hambre. No hay fuerzas parta traducir los versos espumosos de la quilla.
“Quién te engañó, barquilla,
Vuelve, vuelve la proa.”
Hasta hoy no acudió a la chusma para encalmar los ánimos. Metido entre mapas no tenía tiempo para gozar de la naturaleza. Hoy ha acudido a un posible desánimo de toda la tripulación. Es Cristóbal Colón. Elegante, fino, de ojos vivos y corazón noble, convence con su palabra y mapa en mano que huele a tierra cercana. La tripulación le aplaude. Ha logrado vencer a la tempestad más temida como era el desánimo de la tripulación. Le acompaña a su optimismo los hermanos Pinzón. Se esfuerza la tripulación por acelerar las carabelas por donde indica Cristóbal Colón con el dedo.
La estampa de la tripulación no podía ser más contradictoria. Cuerpos agotados y fuerte ánimo; gente ruda y espíritu valiente. Un Capitán convencido y una esperanza en la Providencia-. El beneplácito de los Reyes Católicos en una aventura tan alucinante obligaba a los mandos a fabular un paraíso próximo.
La mar está en calma y las carabelas se balancean a ritmo de samba. Nadie ve nada. Los ojos de los marineros están en sus hogares ausentes. Otros tienen la mirada perdida en el vacío. Los más trabajan por calmar las carabelas. Solo un hombre que lleva tiempo inmerso en el aire cosido a un mástil, después de frotarse los ojos una y otra vez para cerciorarse de que lo que ve es una realidad, grita. “Tierra, tierra, tierra “. Tierra grita loca la tripulación abrazándose unos a otros, arrodillándose los mas,
Dios debió crear una bóveda más baja que la del firmamento, para que llegara antes el rezo de alegría. Solamente Cristóbal Colón, vencido por la gloria del momento pudo pronunciar palabra, porque cuando la felicidad desborda al hombre, éste se siente en estado de coma.
¡Tierra, tierra!
Una salve, una emotiva salve regada de sufrimientos, vigilias, trabajos y una sentida gratitud. Se extendió por todo el Nuevo Contingente. Acompañaban al canto de la salve las olas que morían en la playa virgen, pura, creación al. Unos indígenas vigilaban asustados esta especie de brujería irreprimible. Besaron la arena de la playa que regalaban con la vista al cielo al mismo Dios. Quietas las carabelas, parecían bellos palacios. Y es que “Muchas naves con el favor en popa, corriendo desdichadas llegaron venturosas”


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